Como recordarán en la nota del año anterior al parecer tengo el fabuloso e insoportable don de indisponerme el día de la mujer (es que efectivamente mi cuerpo se toma muy en serio todo ese tema de lo simbólico). En su momento los he sorprendido con mis postales psicoanalíticas: http://courmiracles.blogspot.com/2011/02/postales-psicoanaliticas.html
Esta ocasión tengo el honor de presentarles mis “Poemas Psicoanalíticos para la Mujer en su Día”, de carácter tan mersa como científico.
Si se te desplazó a una parte del cuerpo, feliz día histérica
Si se te desplazó al mundo exterior, feliz día fóbica
Soñé que Norma Aleandro era la dueña del Cementerio de la Recoleta y se comunicaba misteriosamente conmigo a través de la tumba de Cortázar -que tampoco sé por qué estaba ahí-.
“Te dedico esta tormenta porque logra aparecer en tu escenario como yo quisiera hacerlo. Pero no puedo. El orgullo y la incertidumbre, distancias ilusorias tan insufribles como las reales.
Sin embargo la tormenta, un designio ajeno a mí voluntad, aparece en tu habitación y es inevitable.
Truenos, relámpagos y una lluvia incesante que, a la distancia, logran expresarse por mí. Son gritos por tu ausencia, resplandores en tu indiferencia y un llanto constante y ruin.
Y entonces podés librarte de mí y aun de mi recuerdo. Pero jamás, mi amor, vas a poder librarte de una tormenta.”
Esta suerte de manifiesto despechado surgió una noche cuando por razones de carácter imaginario pero consistente –específicamente el orgullo y la incertidumbre mencionados en el texto- me era imposible tener contacto con una persona a la que ardía en deseos de ver. Pero en el clímax de mi desesperación una formidable tormenta hizo su aparición. Y mi único pensamiento fue: “Como no puedo estar ahí con vos taladrándote la cabeza a merced de mis incertidumbres, me conformo con la manifestación de una tormenta. Incesante, estridente y arrebatadora, casi como tenerme a mí al lado. La diferencia: es inevitable. Espero que la disfrutes, amado mío.”
Qué se le va a hacer, soy una señorita que aun en la distancia intenta hacerse notar a través de fenómenos meteorológicos.
Dialogando acerca de las famosas escenas trágicas Disney, un foro muy animado para la noche de un domingo, mi padre sugirió que la muerte de la madre de Bambi es sin duda la más dramática. Por otro lado yo insistía en que la escena donde Dumbo* va a visitar a su madre, encerrada en esa nefasta jaula de circo, es aun peor. No obstante, para continuar el debate con propiedad, intenté evocar la famosa escena de Bambi y no hubo forma de traer ese contenido a la consciencia. Recuerdo haber visto la película en varias ocasiones, incluso me acuerdo detalles específicos de los personajes secundarios. Pero de la muerte de la madre de Bambi nada…
Inquieta por la situación comencé a especular sobre la posibilidad de haber reprimido el hecho debido al carácter traumático del contenido. Asimismo, tratando de rememorar la última vez que vi Bambi, advertí que fue durante la etapa de latencia y que por lo tanto me encontraba en un periodo de intensificación de la represión.
Y llegó la epifanía de la semana:
¿Será la escena de la muerte de la madre de Bambi la primera representación intolerable que hizo a mi represión originaria? ¿Puede acaso ser la madre de Bambi la que marcó una escisión en mi vida anímica? ¿Es entonces su muerte el eje originario que atrae todas las representaciones que hasta el día de hoy mi psiquis desea reprimir?
Por lo tanto, damas y caballeros, si mi hipótesis es cierta podría llegar a remediar los malestares psíquicos de toda mi vida aceptando y reconociendo la existencia de la muerte de la madre de Bambi. Indudablemente se trata de uno de los hallazgos de mayor importancia anímica descubiertos en la historia del psicoanálisis amateur.
Ahora mis padres se fueron a dormir. Estoy sola con la escena de Bambi cargada en you tube. Sola y a punto de enfrentarme con la representación más traumática de mi infancia. No sé qué hacer. ¿Y si al verla me libero de mi neurosis? ¿Acaso realmente deseo librarme de mi neurosis? Sigo sin saber qué hacer. Entretanto dilato la decisión escribiendo esta nota, pero ya se termina. Y todavía sigo sin saber qué hacer. Pero antes de retirarme quiero advertirles: Si nunca más vuelvo a actualizar este blog es porque finalmente vi la escena y efectivamente me curé de mi neurosis.
*En medio del debate me he referido a la película Dumbo como “Bumbo” -una suerte de espeluznante fusión entre Bambi y Dumbo-. Según los investigadores Bumbo podría llegar a generar más angustias que ver La lista de Schindler y Gorilas en la niebla un domingo de invierno a las siete de la tarde.
Hace tiempo que observo a las
personas que viajan en colectivo y se persignan al pasar por una iglesia. Naturalmente,
para lograr la parafernalia de la persignación, se debe hacer uso de la mano
derecha y esbozar, con la punta de dos o tres dedos,una
suerte de cruz imaginaria sobre nuestro cuerpo. Parece sencillo, pero tal accionar puede
llegar a ser de arduas complejidades si uno se encuentra viajando parado. Luego de un criterioso
análisis llegué a formular la siguiente hipótesis:
La fidelidad de un creyente es
proporcional a la calidad de su persignación independientemente de la comodidad
adquirida en el transporte público.
Me propongo entonces a
establecer una tipología del creyente en el transporte público:
-El creyente de fe dudosa:
Siempre va sentado y se persigna perfectamente. No obstante ignoramos si tal
perfección también puede manifestarse yendo parado o en posiciones que lograran
poner en juego su estabilidad física. En cierto modo se declara que la
veracidad de su fe es de carácter irresoluto.
-El creyente que lo intentó
(y no lo logró): Va parado con una o ambas manos sujetas en alguna parte
del colectivo. En este caso los resultados son diversos. Los que utilizan una
sola mano para sostenerse a veces poseen la suerte de tener la derecha liberada
y poder usar sin problemas la mano indicada para el acto de fe. No obstante sucede
que las personas, víctimas del desequilibrio, hacen que el movimiento de la
cruz linde más con lo abstracto que con lo divino. Podemos deducir que estos
individuos, si bien no han logrado el correcto ceremonial de la persignación,
lo han intentado pudiendo así salvar sus almas de satanás. Sin embargo, hay una
pequeña excepción para aquellos que sosteniéndose con ambas manos tienen
iguales posibilidades físicas de liberar cualquiera de las dos. Si aun así
deciden persignarse con la izquierda estamos en presencia de una blasfemia.
-El creyente que sigue a
las masas: Generalmente viaja en hora pico y está voluptuosamente rodeado de personas.
Aquí el creyente no tiene posibilidad de ver la iglesia por la ventanilla y su
fe está sujeta a la de los demás. Por lo tanto debe esperar a que otras
personas que sí pueden ver por la ventana realicen el acto de persignación para
entonces hacerlo él mismo. Pero suele ser un inconveniente cuando el creyente
que sigue a las masas también sufre una ligera paranoia. Por lo tanto, al ver a
otros persignándose, piensa que todo es una conspiración y que en realidad lo
hacen para que él se persigne en el momento equivocado y termine sus días ardiendo
en el averno.
-El hereje: Aquí
tenemos al que aun yendo sentado, y sin ninguna clase de contrariedad que le dificulte
el acto de fe, lo hace incorrectamente. Se equivoca de mano, en vez de una cruz
dibuja unicornios, o se persigna al pasar por hipermercados. No hay estorbo
físico que justifique el desacierto y esta persona se irá al infierno.
-El creyente absoluto:
Aun cuando el colectivo transporta una vorágine abismal de personas, sufriendo en las más incómodas y fastidiosas
posiciones y rodeado de una infinita cantidad de irritantes masas corporales,
el creyente absoluto logra persignarse con excelencia. Estamos en presencia de
un acto de fe indiscutible que pone en juego el equilibrio físico del devoto.
Al respecto quiero contar una
anécdota sobre el día que estaba leyendo a Nietzsche mientras viajaba en un 37.
Recuerdo que al pasar por una iglesia vi persignarse a un grupo perteneciente a
la tipología “creyentes absolutos” y culminar su acto de fe en una caída
colectiva (con todas las posibilidades semánticas que ello implica). Automáticamente
bajé la mirada al libro y casualmente leí el reconocido fragmento de "El
Hombre Loco" (La Gaya Ciencia, aforismo 125):
“Dios
ha muerto”
Entonces tuve una epifanía: Todas esas personas quisieron
demostrar su fe y en consecuencia terminaron desmoronándose en el piso de un
colectivo. No hubo fe que poner a prueba ni entidad divina que las proteja. Y todo
eso sucedió porque dios ha muerto.
Epílogo
Finalizando el estudio de la
fe en el transporte público (que dadas las ateas conclusiones arrojadas resultó
ser de carácter vano) me dispongo a compartir algunos datos curiosos sobre las
experiencias del joven Nietzsche trasladándose en colectivos. Según cuentan, de
muchachito no era muy hábil para viajar parado y en varias ocasiones sufrió
caídas poco elegantes. Hubo un día en el que se desplomó en un 160 y unas
señoritas cruelmente se burlaron de él. Entonces llegó enfurecido a su casa y
comenzó a escribir un manuscrito. Ese manuscrito resultó ser un boceto del
aforismo 125, donde la idea original era:
“Dios
ha muerto. Por eso te has caído en el transporte público”.
Hace unos meses, luego de una comilona digna del film de Ferreri "La Grande Bouffe", nos quejábamos entre amigos acerca de lo injusto de una sociedad donde la fofez corporal deba ser ocultada debido a que convencionalmente ha sido estipulada como algo antiestético. –Aunque debo aclarar que conociéndonos tal protesta no surgió del descontento que implica la preocupación por una problemática social, más bien fue un lamentable descontento por sentirnos culpables de todo lo que comimos ese día. -
Pasaron las semanas y seguí pensando en el asunto, comencé a recordar algunas pinturas renacentistas donde las modelos eran michelines luminosos en tonos dorados. Mas luego tuve una epifanía, en el Renacimiento no era necesario ocultar la fofez debido a la siguiente premisa: La fofez como paradigma de la belleza.
Es así como por aquel entonces las top models renacentistas andaban dichosas y despreocupadas compartiendo sus esplendorosos colgajos de piel fofa con el mundo. Eran la representación de la estética en todo su esplendor y el arte fofo pasó a la historia causando sensación. No es casual, naturalmente la plebe no solía ser rolliza y corpulenta, por lo tanto la rozagante fofez del Renacimiento era símbolo de una buena vida.
Volviendo al lugar de la fofez en el siglo XXI, ya no creo que sea posible reposicionar la moda del libre albedrío del colgajo, tan sólo me conformaría con un mundo donde la fofez deje de ser condenable y pase desapercibida.
Y así, señores, he creado la página de Facebook “Nacer en el Renacimiento para que mi fofez pase desapercibida”.
La cantidad de adeptos fue vertiginosa. Miles y miles de personas se unieron a la causa, o más bien a este deseo de ínaturaleza retrospectiva.
Como suele suceder con varias páginas de Facebook la gracia radica en su nombre y no hay mucho más que desarrollar al respecto. Sin embargo he decidido compartir algunas de las actualizaciones que esporádicamente realizo para los ya 14.310fofos que formamos (valga la redundancia de "fo") parte de esta aspiración histórica. Y desde ya están invitados a unirse.
Recuerdo haber empezado el año en la guardia médica debido a una violenta indigestión. Simbólicamente ha sido profético, fue de los años más inestables que me tocó vivir. Personas que llegaron, personas que se fueron y personas que se habían ido y volvieron. Algunas fueron una fuente inagotable de felicidad, otras una fuente inagotable de sufrimiento. Y en esta vorágine de sentimientos encontrados se viven experiencias que vislumbran nuevas sensaciones y en consecuencia nuevas formas de ver y desenvolverse en la vida. Vivir con la certeza de que siempre habrá algo nuevo por conocer. Vivir y no perder la capacidad de sorprenderse. Disfrutar y sufrir, porque sin contrastes no podríamos apreciar ninguna emoción.
Y evocando el clásico dilema de la dualidad del peso y la levedad, hoy más que nunca creo que elegir el peso es elegir llevar una vida rebosante de pasiones e inquietudes. Es movernos en el mundo dejando huellas en personas, lugares, recuerdos. Es lograr triunfar sobre el tiempo. La única forma de ser inmortales.
Para finalizar les confieso que no puedo dejar de sentir una suerte de curiosidad por saber que pasará por mi cabeza cuando esté escribiendo la carta abierta correspondiente al 2012. En efecto es la expectativa a todas las cosas que sucederán a lo largo del año. Y reiterando el “vivan y no pierdan la capacidad de sorprenderse”, les deseo un intenso y apasionante 2012 (con alguna que otra semanita de levedad cual vacaciones).
Canción alusiva: Frank Sinatra, The best is yet to come (Lo mejor está por venir)